Yo sé que no es fácil de creer para usted que a alguien tan serio y centrado como soy yo le pasen la clase de cosas que he decidido contarle a continuación, así pues esta es la explicación a mis recientes ausencias, últimamente me he visto envuelto en extraños acontecimientos que tal vez – creo yo – al contarle, usted me pueda ayudar a buscar alguna solución, no sé porque empezaron a suceder los sucesos sucedidos así que prefiero ser redundantemente directo de la única forma en que sé puedo ser directo: por medio de esta carta.
Como le dije no sé porque se me ocurrió lo ocurrido pero las cosas se dieron de tal manera que hace unas noches al llegar a mi casa se me paso por la cabeza una situación para salir de mi habitual monotonía, así que me arrodille en el andén frente a mi puerta y pedí la mano de la luna, me he parado divertido pero algo me ha levantado la mirada a la fuerza y lo que vi fue tan hermoso como espantoso, vi una luna con los ojotes abiertos como dos diamantes, una luna que me mostraba todos sus dientes eclipsados en una hermosa sonrisa terrorífica, creo hasta haber visto como me guiñaba un enorme ojo, pero rápidamente he entrado a mi casa y cerrado todas las cortinas, pero en un acto de algo que defino como morbo he dejado entreabierta una cortina y cada vez que me asomo, ¡le juro que veo la luna mas y mas cerca! Pensé que al acabar la noche por razones lógicas se iría a dormir pero al salir el sol ella seguía ahí y cada vez más cerca, el sol se marcho y ella seguía ahí. Ninguno de los dos hemos dormido, me consta.
Llevo entre tres y cuatro semanas sin poder dormir y lo peor es que desde antier ha empezado a gritar:
-¡Acepto! ¡Sí! ¡Saturno, los anillos! ¡Acepto!
Son las cinco y veinte de la tarde y no me he vuelto a asomar desde las tres y cuarenta de la mañana porque al asomarme la última vez ya estaba a la altura de mi ventana rozando la calle con su panza. Se me acaba la comida y tendré que salir.
Al parecer Saturno le ha lanzado los anillos a media noche y ya todo está preparado, curioso que el sol no se haya pronunciado al respecto, ¡su relación es más lejana de lo que dicen los cuentos infantiles! Preferiría que usted no se aparezca por acá no sea que “Lu.” (Así me grita que la llame) en un ataque de celos…en fin.
Son las seis de la tarde, le mandaré esta carta en cuanto me sea posible ahora iré a comprar comida, ¿cree que sea verdad que le gusta el queso?
Si es posible le haré llegar junto a esta carta la invitación a la boda.
Son las nueve y cincuenta de la noche he salido a comprar comida y no he podido evitar el encuentro, todo luce bien y provechoso junto a Lu. (¿Le conté que así le gusta que le digan?), un fuerte abrazo de parte de ambos, Lu. Dice que espera conocerla pronto.
Ama el queso casi tanto como a mí (palabras de ella).
Con cariño:
Juan.
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Este es uno increiblemente hermoso.
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