Era noche de verano cuando tú, Kaléa, escapaste de casa, aburrida de tantos días iguales, sólo los búhos te vieron meter los pies en el barro, tropezar con las raíces y no mirar atrás donde ya no había nada, a cada paso que dabas, la oscuridad se comía un poco más de lo que estabas dejando y que no volverías a recordar.
Las ramas rasgaron tu vestido, el Bóreas, viento del norte y dueño del frío alborotó tus cabellos, palideció tu boca y sonrojó tus mejillas y así, Kaléa, bella y exhausta de caminar llegaste a la sombra de un enorme sauce quien recibió tu sueño y dejo que te tirases en él a descansar, soñaste con tu cuello lleno de joyas, con tu cuerpo ceñido en blanco, con verlo todo desde arriba y tomar vino con las constelaciones; en eso llegó el día, Helios vio tu desnudez desde lo alto y con un dedo rozó tus ojos dormidos entregándolos a la luz, no soportaste el contacto de Helios y te marchaste de aquel sauce así como te marchaste de casa y como te marcharías de tantos lugares durante tu vida, llegaste a un río donde entregaste tu cuerpo a sus aguas sin saber que en él dormitaba Peneo que danzó entre tus muslos y acarició tus caderas, así que de nuevo, oh Kaléa, tuviste que huir sin pensar siquiera que estabas volviendo loco a todo el paisaje.
Bóreas, Helios y ahora Peneo te seguían, ¡maníacos!, negando al resto del mundo de sus cansadas labores, sólo tu los merecías, pensaban. El sol se alejó del mundo y sólo alumbraba piedras para cautivarte, el invierno no volvió con su frío al norte y ahora dedicaba su tiempo a seguirte y sonrojarte y jugar contigo, los ríos se secaron y las aguas sólo estaban para limpiar las heridas de tus pies descalzos.
Entonces Zeus se compadece de los hombres del mundo que mueren secos como flores entre desiertos, así que te desarma, ay Kaléa, y te reparte entre ellos, te comparte con todos los paisajes y vuelves todo bello, así mismo vuelve Helios a su carruaje alado, vuelve Penteo a alimentar caudales, vuelve Bóreas a volar libre y tu hermosura es de todos y para todos.
Oh Kaléa, hermosa, en todo lugar del que escapas los hombres se vuelven poetas y reclaman tu regreso, pero la belleza tiende a escapar y eso es lo que nadie entiende, hay que dejarte ir pues eres el doble de hermosa cuando eres extrañada.